Datos oficiales EEA 2013–2025
En Santander, el NO₂ alcanza su punto más alto en enero, con una media de 34,1 µg/m³ entre 2013 y 2025. Es el mes de las mañanas oscuras y los motores fríos, cuando la calefacción y el tráfico se concentran en calles como la Avenida de los Castros. Para quien respira ese aire de camino al trabajo, enero se nota en la garganta y en los semáforos que aguantan mil coches parados.
Ese enero de 34,1 µg/m³ no fue un episodio aislado: se midió durante 373 días, es decir, prácticamente todos los días del mes a lo largo de la serie. La escena se repite cada invierno: inversión térmica que atrapa el humo cerca del suelo, tubos de escape que echan su firma química. Las calles-cañón del centro, como el Paseo de Pereda, se convierten en el pasillo de un gas que irrita los bronquios y dispara el asma.
La estacionalidad manda en Santander: el ciclo anual dibuja un arco que baja en verano y sube en invierno. Julio se queda en 12,9 µg/m³, mientras que diciembre alcanza 22,1 µg/m³ y enero se dispara hasta esos 34,1 µg/m³. La diferencia no es casual: el frío trae calefacciones y menos viento, y el tráfico de la hora punta se acumula bajo una atmósfera más densa. Es la radiación solar la que limpia el aire en los meses cálidos; el invierno, en cambio, respira con dificultad.
Si vives cerca de una avenida con mucho tráfico, como la calle Vargas o el entorno de la estación de autobuses, evita caminar pegando a la acera en las primeras horas de enero. Mejor cruza a la zona de parques, como el de la Magdalena, cuando el semáforo agrupa los coches. Tu bronquio agradecerá esos minutos de distancia justo cuando el NO₂ está más concentrado.
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Fuente: Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA), datos verificados 2013-2025. Página generada automáticamente a partir de datos oficiales; los números proceden exclusivamente de la base de datos, nunca estimados. © 2026 airqualitas.